A cargo de J. Mainer
Facultad de CC. Humanas y de la Educación.
Texto seleccionado.
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LO QUE REALMENTE SE HACE Y APRENDE EN LA ESCUELA
“Lo que cuenta no es lo que uno diga a
la gente, sino lo que les hace hacer. Si la mayor parte de maestros no han
captado aún esta idea, nos es por falta de evidencia precisamente. A fin de
comprender qué tipo de comportamiento promueven las clases, debe uno
acostumbrarse a observar que es lo que, de hecho, hacen los estudiantes en ellas. Aquello que los estudiantes hacen
en la clase es lo que los estudiantes aprenden (como diría J. Dewey) y lo que
aprenden a hacer es el mensaje de la clase (como diría McLuhan). Veamos pues:
¿qué es lo que los estudiantes hacen en
la clase? Bien: la mayor parte de las veces permanecen sentados y escuchan al
profesor. Generalmente se les exige creer en las autoridades, o, por lo menos,
simular tal creencia a la hora de realizar los exámenes. Casi siempre se les
exige que recuerden. Casi nunca se
les pide que hagan observaciones, formulen definiciones o realicen cualquier
tipo de operación intelectual que trascienda la simple repetición de los
enunciados de otra persona. Raras veces se les alienta a preguntar sobre
cuestiones importantes, aunque se les permite hacerlo sobre detalles técnicos y
administrativos. (¿Cómo deben ser los folios? ¿Cuenta la ortografía? ¿Cuándo
hay que presentar los deberes?) Es prácticamente impensable pensar que los
estudiantes participen en la determinación de qué problemas vale la pena
estudiar o qué procedimientos de averiguación deberían usarse.
Examina el tipo de preguntas que los
maestros hacen en clase y verás que la mayoría son lo que técnicamente
denominaríamos <preguntas convergentes>, pero más sencillamente
llamaríamos <adivinanzas de lo que piensa el profesor>. Citemos unas
cuantas que os resultarán familiares: ¿Qué es un hombre? ¿Cuáles fueron las
tres causas de la guerra civil? ¿Cuál es el río principal de Uruguay? ¿Cuál es
el sentido real de este poema? ¿Por qué Bruto traicionó a César?
Como se ve, lo que los estudiantes
hacen en clase se limita generalmente a adivinar qué es lo que el profesor
espera que digan. Deben siempre procurar dar con la <Respuesta Acertada>.
(…) Si consideramos ahora que es indiscutiblemente reconocido que el contenido
ostensible de tales cursos raramente se recuerda tras el último examen (en el
que tan sólo se pide que se recuerde el 65% de lo que te han explicado), no es
exagerado afirmar que el único
aprendizaje realizado en la clase es aquél que la misma estructura de la clase
transmite. ¿Cuáles son estos aprendizajes Veamos unos cuantos, entre muchos,
que nunca se relacionan oficialmente en las listas de objetivos que el profesor
ha propuesto:
*La aceptación pasiva de las ideas es
mejor que la crítica positiva.
*La investigación está más allá del
alcance de los estudiantes y no es, en cualquier caso, asunto suyo.
*La memoria es la forma más alta de
triunfo intelectual y el fin de la educación es recordar una colección de
hechos inconexos.
*Hay que confiar y valorar más la voz
de la autoridad que el propio criterio.
*Las propias ideas y las de los
compañeros de clase son incongruentes.
*Los sentimientos no cuentan en la
educación.
*Toda pregunta siempre tiene una
respuesta acertada, simple y clara.
*La Lengua no es la Historia y la
Historia no es las Ciencias y las Ciencias no son el Arte y el Arte no es la
Música.
*Arte y Música son materias
secundarias, mientras que la Lengua, la Historia y las Ciencias son materias
primarias.
*Una materia es algo que
<tragas> y, cuando lo has tragado, ya los has <pasado> y una vez
que lo has pasado, estás ya inmunizado y no necesitas tragártelo otra vez. (¿Se
trata de la Teoría Vacunatoria de la Educación?).”
POSTMAN,N. y WEINGARTNER, Ch. (1973): La
enseñanza como actividad crítica. Barcelona: Editorial Fontanella, p.
36-37.
Tyack, D., Tobin, W., The grammar of schooling: why has it been so hard to change?, American Educational Research Journal, 31, 3, pp., 435-479, 1994.
